Foto: Grantusual / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
Tejedoras, retableros, plateros, pescadores de totora. Oficios con siglos de historia que siguen en actividad.
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Detrás de cada objeto tradicional peruano hay un oficio vivo, con aprendizaje largo y transmisión familiar. Varios de ellos están en riesgo, no por falta de calidad sino por falta de relevo generacional.
Los pescadores de caballitos de totora
En Huanchaco, en la costa norte, los pescadores siguen saliendo al mar en embarcaciones de junco tejido cuyo diseño se documenta desde hace más de dos mil años en la cerámica moche.

Video: «PONCHO PERUANO HECHO A TELAR ARTESANAL» — ASLE Perú (YouTube).
Las tejedoras
El telar de cintura exige años de aprendizaje. Las asociaciones de tejedoras del sur andino han sido el mecanismo más eficaz para que el oficio se mantenga con remuneración digna.

Los retableros
En Ayacucho, familias enteras se dedican al retablo desde hace generaciones, adaptando un formato devocional colonial a la narración de historia contemporánea.

Los plateros
Catacaos, en Piura, y San Jerónimo de Tunán, en Junín, concentran talleres de filigrana con técnicas que no han cambiado sustancialmente en siglos.
Lo que hace falta
Precio justo, denominación de origen, crédito para talleres y compradores que pregunten quién hizo la pieza.
Un oficio no se salva con nostalgia. Se salva con clientes que pagan lo que vale.
