El reconocimiento internacional de la cocina peruana llegó a través de chefs con nombre y restaurante. La transmisión real del recetario, sin embargo, ocurrió durante siglos en otro lugar: en cocinas domésticas, mercados y picanterías, casi siempre a cargo de mujeres.

Las picanteras

En Arequipa, la picantera es una figura reconocida: dirige la cocina, define el menú del día y transmite la técnica a la siguiente generación. Las asociaciones de picanteras han sido clave para el reconocimiento patrimonial de estas casas.

Las picanterías arequipeñas funcionan como escuela de cocina no formal.
Las picanterías arequipeñas funcionan como escuela de cocina no formal. — Foto: Diego Delso / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Las anticucheras

El anticucho de calle depende de una parrilla, un adobo propio y años de mano. Es un oficio que se aprende de la madre o de la abuela y que rara vez se escribe.

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El adobo del anticucho es una fórmula familiar que casi nunca se escribe.
El adobo del anticucho es una fórmula familiar que casi nunca se escribe. — Foto: No machine-readable author provided. Manuel González Olaechea assumed (based on copyright claims). / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Las señoras del mercado

Los puestos de comida de mercado son el nivel más accesible y más honesto de la cocina peruana: menú corto, rotación total del producto y precio bajo.

Los puestos de comida de mercado sostienen la cocina cotidiana de la ciudad.
Los puestos de comida de mercado sostienen la cocina cotidiana de la ciudad. — Foto: Miguel Angel Chong / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

El reconocimiento pendiente

  • Registro del recetario regional con crédito a sus portadoras
  • Apoyo formal a las asociaciones de cocineras
  • Continuidad de las picanterías como patrimonio en uso
  • Condiciones de trabajo dignas en el mercado

El recetario peruano no se conservó en libros. Se conservó en cocinas, y casi siempre en manos de mujeres.