El mercado de herramientas de belleza se llenó de dispositivos con promesas grandes y evidencia desigual. Distinguir lo útil de lo decorativo es sobre todo cuestión de preguntarse con qué frecuencia se va a usar.

Lo que sí vale

  • Brochas de buena densidad: cambian el resultado del maquillaje más que el propio producto
  • Un cepillo adecuado al tipo de cabello
  • Pinzas de punta fina y bien alineadas
  • Cortaúñas y lima de calidad
  • Un secador con control de temperatura real
Una brocha densa y bien hecha rinde más que un maquillaje caro mal aplicado.
Una brocha densa y bien hecha rinde más que un maquillaje caro mal aplicado. — Foto: Jörg Weingrill / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Lo que depende del caso

Rodillos faciales y guasha: producen una sensación agradable y pueden ayudar con la hinchazón matinal, pero su efecto es temporal. Dispositivos de limpieza facial: útiles para algunas pieles, irritantes para otras.

Lo que rara vez se justifica

Aparatos de uso complejo que exigen sesiones frecuentes y prolongadas. La tasa de abandono es altísima: terminan en un cajón a las tres semanas.

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El mantenimiento

Las brochas se lavan cada dos semanas; los cepillos, cada semana; las pinzas y cortaúñas se desinfectan. Una herramienta sucia es un problema de piel, no una ayuda.

La mejor herramienta de belleza es la que ya está sobre el lavabo y se usa todos los días.