Foto: Victor Tondee / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
Menos oxígeno disponible, más deshidratación y más radiación. Cómo adaptar el esfuerzo sin arruinar el viaje.
2 min de lectura
En altura, la presión atmosférica es menor y con ella la cantidad de oxígeno disponible en cada respiración. El cuerpo compensa aumentando la frecuencia respiratoria y cardíaca, y eso cambia por completo la percepción del esfuerzo.
Los primeros días
La recomendación general es reducir la intensidad durante las primeras 48 a 72 horas, dormir bien y aumentar la ingesta de líquido. El aire seco de altura deshidrata mucho más rápido de lo que se percibe.

Video: «Rutina de ejercicio para PRINCIPIANTES En Casa (20 Minutos) Empieza de cero a hacer ejercicio» — Chuy Almada (YouTube).
Señales de alarma
El mal agudo de montaña se manifiesta con dolor de cabeza persistente, náuseas, mareo y falta de apetito. Si aparece confusión, dificultad respiratoria en reposo o falta de coordinación, hay que descender de inmediato y buscar atención médica.
Lo que ayuda
- Subir de forma gradual, con noches intermedias
- Hidratarse más de lo habitual
- Evitar alcohol los primeros días
- Comidas ligeras y ricas en carbohidratos
- Protección solar reforzada
Lo que no funciona
Entrenar más fuerte para acostumbrarse rápido. La aclimatación es un proceso fisiológico que depende del tiempo, no de la voluntad ni de la condición física previa.
En altura, el buen estado físico no protege del mal de montaña. Lo único que protege es subir despacio.
